Ilusiones ópticas
Todo está en el cerebro.
Las ilusiones ópticas revelan las suposiciones que hace el cerebro

Al poner
en
la figura, el cerebro automaticamente traza líneas desde ella para dibujar
un triángulo.
(La imagen anterior es original de esta página)
En el siglo XVIII, el filósofo irlandés George Berkeley hizo notar
que la estimación de la distancia, por ejemplo, no puede ser deducida
de la información geométrica de la imagen formada en la retina.
En efecto, una línea dada de la imagen retiniana podría haber
sido generada tanto por el borde de un objeto cercano de pequeño tamaño
como por otro objeto más alejado, pero de mayor tamaño:
La información que llega a la retina sobre el brillo, el color, la
ubicación exacta de algo en el espacio y su forma, llega conjuntamente
y toda ella es una sola percepción. Una combinación distinta de
esos elementos (iluminación del objeto, absorción de su superficie,
orientación respecto a la luz, etc.) puede dar la misma percepción
en la retina: dos casos distintos originan la misma impresión en
la retina
Por lo tanto la información que recibe la retina y que pasa al cerebro
le obliga a tener una sola interpretación para muchas visiones diferentes.
La relación entre el mundo y nuestra visión de él es, por
lo tanto, de naturaleza incierta.
¿Cómo logra el cerebro obtener una información correcta
del entorno para que logremos generar una conducta apropiada para enfrentarnos
con éxito a sus peligros y sobrevivir como especie?
Nosotros y muchos otros animales dotados de visión resolvemos este dilema
contrastando una experiencia concreta con una base de datos de experiencias
anteriores que hemos formado durante nuestro aprendizaje desde niños.
No se analizan los componentes de la información retiniana por separado.
La percepción global se compara con el dato archivado y su exactitud
se asume con un cierto grado de probabilidad lo que ahorra tiempo de análisis
y permite generar una respuesta rápida.
Podemos reconocer a un amigo instantáneamente por su cara, por el perfil o incluso por la parte de atrás de su cabeza. Podemos distinguir millones de matices de colores así como también 10.000 olores. Podemos sentir a una pluma rozar nuestra piel y escuchar la caída silenciosa de una hoja. Todo parece ser muy fácil: sólo abrimos nuestros ojos u oídos y dejamos que el mundo entre, pero la relación entre lo que graba la retina y lo que elabora el cerebro es un proceso complicado.
Tanto la experiencia de la especie como la del individuo son claves para que el cerebro interprete correctamente lo que ve.
Para saber más ver artículo de Investigación y Ciencia
de Agosto 2003
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